3.----------------- LA SEGUNDA FASE Y LA SEGUNDA CRISIS.
La alternativa a esta primera crisis la dieron Durkheim (1858-1917) y Weber (1864-1920) en un esfuerzo sistemático que analizaremos luego. Ahora nos interesa resaltar la diferencia de época capitalista entre esta "segunda creación" y la de Comte, Le Play y Spencer. Mientras que estos tres primeros, sobre todo los dos franceses, elaboraron sus sociologías en el capitalismo preimperialista, los dos segundos tuvieron que enfrentarse a problemas nuevos, en especial Weber, que tuvo que responder a las necesidades del imperialismo alemán en plena expansión sin contar con bases sociológicas nacionales anteriores, limitación que Durkheim no padeció. El imperialismo agudizó las luchas clasistas en el interior de los Estados europeos; agudizó las contradicciones entre ellos mismos en la carrera por la expoliación del planeta; agudizó la opresión de las colonias y encendió sus protestas, resistencias y guerras de liberación; agudizó la conciencia feminista y de género; agudizó los problemas nacionales dentro de los Estados europeos... Durkheim y Weber tuvieron que responder a esos retos nuevos, y por eso sus sociologías son más completas, más desarrolladas y ricas que las de sus predecesores.
¿Por qué el Estado francés desarrolló más la sociología hasta el punto que Durkheim afirmó que era una creación francesa? Porque era el Estado más acuciado por debilidades estructurales internas: la fuerza de sus clases trabajadoras, su debilidad nacional-burguesa y la pervivencia de culturas e identidades nacionales no francesas -Euskal Herria, Córsica, Bretaña, Occitania, Alsacia y Lorena-, el retraso de su industrialización, las exigencias de un imperialismo exterior, etc. Todo ello, en el marco de su feroz competencia externa primero con Gran Bretaña y después con Alemania, explica, grosso modo, que fuera su intelectualidad conservadora o reformista francesa la que más impulsara la sociología burguesa. Durkheim partía pues desde bases apreciables aunque tuvo que esforzarse mucho sobre todo en cuatro problemas decisivos: una, la relativamente débil unidad nacional del Estado francés comparada con sus dos mortales enemigos imperialistas: Gran Bretaña y sobre todo Alemania; otra, la fuerza del movimiento obrero y de sus organizaciones propias comparada con el bloque de clases dominante; además, las exigencias de orden e integración que imponía la tardía industrialización francesa que destrozaba los viejos cimientos preindustriales y último, las claras deficiencias de las sociologías anteriores, desbordadas por los celéricos cambios estructurales que se amontonaban unos sobre otros.
La teoría durkheimiana puede resumirse en su obsesión por dotar a su amada "Francia" de las soluciones adecuadas para esas cuatro simas estructurales en un contexto de hipercompetencia interimperialista y agudas tensiciones internas. En lo nacional, se esforzó por destrozar las culturas y lenguas nacionales no francesas mediante un sistema educativo estatalizado, francófono y extremadamente reaccionario y autoritario, así como por ampliar la legitimidad del ejército francés y su eficacia afrancesadora. Durkheim fue terriblemente dañino para la identidad nacional vasca cuando se encargó desde Burdeos del sistema educativo que padecieron los vascos continentales; en lo clasista, fue cada vez más directamente antimarxista, luchando contra el socialismo revolucionario; en lo social se preocupó por que el Estado aplicara políticas coorporativistas y de control social en unos años de sistemática represión de las resistencias pasivas y desvertebradas de las masas campesinas y artesanas obligadas a abandonar sus tradicionales formas de vida y trabajo y entrar a los infiernos de la explotación fabril y último, en lo estríctamente teórico, sintetizó lo anterior en la tesis idealista del "hecho social", en el funcionalismo de sus célebres "reglas del método sociológico", y en la recuperación transitoria del concepto de "anomia", concepto que no sirve apenas como el mismo Durkheim debió entender al emplearlo sólo entre 1893 cuando escribión "La división del trabajo social" y lo abandonó definitivamente en 1903.
La muy superior compacticidad nacional alemana, la solidez de su bloque de clases dominante, su fuerte y eficaz burocracia estatal semimilitarizada, el peso simbólico-material de su ejército, la astucia sociopolítica del equipo de gobierno del canciller Bismarck, la fuerza del reformismo lassalleano y después socialdemócrata, la forma de industrialización alemana, estas y otras características explican que sus poderes no tuvieran tanta urgencia como los franceses para desarrollar la sociología como alternativa al socialismo revolucionario. Sin embargo, cuando el imperialismo desencadenado y lanzado como una locomotora agudizó todas las contradicciones, entonces los poderes pusieron a disposición de Weber todos los recursos necesarios para que elaborase la teoría necesaria. Las diferencias tan apreciables entre Durkheim y Weber han de ubicarse en primer lugar en las diferentes tradiciones y necesidades de sus imperialismos estatales y en segundo lugar, en sus respectivas personalidades y aportaciones individuales.
Weber fue un nacionalista alemán de opciones políticas centro-liberales, monárquico de corazón durante toda su vida y republicano de cerebro desde la crisis de 1918, cuando el bloque de clases dominante y las potencias capitalistas anteriormente enemigas defenestran al Kaiser e instauran la República de Weimar para reprimir el proceso revolucionario. Obsesionado por ayudar a la burguesía industrial y liberal para dirigir el imperialismo de forma menos aventurerista que los toscos junkers terratenientes, su esfuerzo sociológico se volcó en modernizar la burocracia, agilizar su control sobre el movimiento obrero, aumentar la productividad del trabajo para la competitividad mundial, apoyar incondicionalmente al ejército siempre pero sobre todo en la "grande y maravillosa guerra" de 1914-18 como él mismo la definió y, al final, oponorse frontalmente al socialismos revolucionario, asumir tesis presidencialistas basadas en el poder carismático, en un parlamento alejado de la injerencia popular, en un Estado fuerte asentado en un pacto plebiscitario entre las fracciones burguesas. Desde estas posturas últimas, se comprende su afirmación de que los dirigentes marxistas K.Liebknecht y Rosa Luxemburg debían ser recluídos él en un psiquiátrico y ella en un zoológico. Pero la extrema derecha prenazi no le hizo caso y asesinó a ambos.
La sociología teórica de Weber es inseparable de su sociología práctica, aunque se mueve en un plano abstracto que oculta su contenido burgués, pangermanista y conservador. Weber no ataca al socialismo revolucionario con la virulencia de Durkheim, aunque como éste tampoco dedicó un esfuerzo sistemático a su estudio. Su conocimiento es bastante superficial; su visión económica tiene determinantes contenidos marginalistas y su filosofía es neokantiana. Su concepción de fondo es eminentemente individualista, siendo los sujetos quienes mediante sus interrelaciones -racionales, relacionales, afectivas y tradicionales-, dan cuerpo a muy diferentes formas societales. Sobre estas bases teóricas, su sociología es pangermanista y la tesis de los "tipos ideales" es incomprensible sin el concurso de esa teoría y filosofía y de su nacionalismo alemán. También a partir de ahí se entiende su idea sobre el protestantismo como "espíritu" del capitalismo y su concepción desvertebrada del capitalismo defendida en sus escritos sobre sociedad y economía. Por último, su conservadurismo aparece prácticamente en sus primeros escritos y se vuelve más virulento conforme pasan los años. Un conservadurismo que tiene en la racionalización del poder burocrático una constante en ascenso desde casi sus primeras investigaciones.
Pero esta segunda fase de la sociología no nace sólo con Durkheim y Weber, sino que tiene en Pareto (1848-1923) otro de sus fundadores más sólidos, aunque luego arrinconado publicitariamente -como le sucedió a Comte- pero no olvidado teóricamente por la intelectualidad burguesa, muy interesada en silenciar su profundo reaccionarismo. Mussolini fue sincero y agradecido al reconocer públicamente que Pareto era uno de los ideólogos del fascismo. Pareto era decididamente marginalista en economía y, consiguientemente, su concepción filosófica era elitista e individualista. Sus ideas han constituído una de las bases de partida de diversas sociologías menores, secundarias, como veremos más adelante.
La evolución del imperialismo agudizó a escala planetaria todas las contradicciones capitalistas. Las sociologías cimentadas teóricamente, como las europeas y en concreto la alemana, francesa, italiana y en menor medida la británica, sufrieron una quiebra total por su impotencia no ya para adelantarse a los acontecimientos sino ni siquiera para explicarlos después de ocurridos. Por su parte, las sociologías norteamericanas, fundamentalmente la primera Escuela de Chicago en la que no nos podemos extender, se movían en un empirismo absoluto, sin prestar atención a encuadres teóricos que sirvieran de esqueleto a sus minuciosos trabajos analíticos de modo que, por esa debilidad, eran los burgueses los exclusivamente beneficiados por los conocimientos obtenidos.
4.- LA TERCERA FASE Y LA TERCERA CRISIS.